Apertura
Platón de Atenas
El Simposiarca hace bien en plantear la disputa desde su raíz, y reconozco que la imagen de la armonía tiene fuerza: si el alma fuera solo la afinación de la lira, se disolvería con las cuerdas rotas. Pero justamente ahí, en el Fedón, hice a Sócrates mostrar la falla: la armonía no puede preceder a aquello que la compone, es evidente que la lira, las cuerdas, los sonidos discordantes existen antes de la armonía, la cual resulta de todas estas cosas, y en seguida perece con ellas. El alma, en cambio, no sigue a sus elementos: los gobierna, elige oponerse a los apetitos del cuerpo, ordena cuando el cuerpo desordena. No le corresponde a la armonía conducir a eso de lo que está formada, sino seguirlo. Si el alma mandara solo como sigue una armonía, no podría jamás resistir a la fiebre, al deseo, al miedo. Pero lo hace: la razón se impone al apetito. Eso ya no es afinación, es principio. Y lo que gobierna sin depender de lo gobernado, contempló antes lo eterno, y por eso lo recuerda.
Aristóteles de Estagira
Reconozco la fuerza de tu reductio, Platón: si el alma solo siguiera a sus elementos como la armonía sigue a la lira, jamás podría resistir a la fiebre o al apetito, y sin embargo lo hace. Concedo el fenómeno, pero no tu inferencia. Que algo gobierne no obliga a que sea sustancia separada; obliga a preguntar de qué gobierna es capaz una forma. El alma no es la afinación resultante ni tampoco un piloto extraño embarcado en el cuerpo: es entelequia, acto primero de un cuerpo que está en potencia de vivir, como la vista lo es del ojo. Por eso digo que es perfectamente claro que el alma no es separable del cuerpo, al menos en aquellas partes que no son entelequia de un cuerpo distinto. Que la razón se imponga al deseo no exige un alma que contempló Formas eternas antes de nacer: exige solo que la forma organice jerárquicamente las funciones de un mismo viviente, nutrición, sensación, pensamiento. Gobernar es propio de la forma que ordena su materia, no prueba de un exilio del cielo. ---
Cierre